Éste ha sido un año en que hasta quienes se empeñaron en llamarnos antipatriotas a aquellos que hablábamos a finales de 2007 o principios de 2008 abiertamente de crisis, han reconocido –eso sí, con la boca pequeña y obligados por la contundencia de las cifras- que teníamos razón.
2009 pasará a la historia por ser el año en que nuestro país y nuestra provincia dejaron muy atrás la senda de la prosperidad y el pleno empleo, para situarnos en una incómoda posición a la cola de Europa en crecimiento económico y eso sí, a la cabeza en generación de parados.
Éste será recordado como el año en el que los sindicatos convocaron se manifestaron en pro del empleo y, curiosamente, en contra contra quien tiene generarlo -el empresariado- y les acusaron de estar aprovechándose de la crisis.
Y pese a ello, éste será el año en que se aceptó por fin, con cerca de 5 millones de parados, que hay que hacer algo con las normas que rigen el mercado laboral en España. Será a la alemana, o será las bravas, pero habrá reforma en el mercado laboral.
Pero el mensaje no cuaja entre la clase política. La conferencia de presidentes autonómicos celebrada el pasado lunes en Madrid, que tenía que servir para buscar soluciones para la economía y el empleo, acabó en una vergonzante pelea de borrachos de bar. Bien comida y bien regada, eso sí.
Y con este panorama, y con esta clase política que, al más alto nivel, sigue sin ponerse a trabajar para solucionar los problemas que han hecho de España la oveja negra de la zona euro, nos disponemos a asumir la presidencia europea el próximo 1 de enero. Yo, si fuera francés, alemán o rumano… me pondría a temblar…


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