jueves, 12 de noviembre de 2009

Políticos, empresarios y fiscales.

Muy a mi pesar, mis queridos oyentes, un día más me tengo que referir en este editorial a la clase política española. Ellos, totalmente desquiciados en la actualidad y con el único horizonte de las próximas elecciones temporales, están protagonizando actuaciones que no tienen justificación.

Promesas sin ninguna credibilidad sobre creación de puestos de trabajo, campañas electorales innecesarias y curiosamente demonización sistemática de las empresas y los emprendedores, que son quienes crean los puestos de trabajo, y no los políticos. Conviene recordar, una vez más, ya que no se dan por enterados, que la función de la administración pública es crear escenarios propicios para que los empresarios puedan generar riqueza. Y no hay manera. Se empeñan, con sus actuaciones y declaraciones en propiciar justo lo contrario.

El empresariado valenciano está indignado por la inclusión de varias empresas en la querella que el PSPV-PSOE ha presentado contra el president Francisco Camps a cuenta del caso Gürtel. Hoy mismo expresaba en Onda Cero su indignación el secretario de la CIERVAL, el castellonense Rafael Montero. Y me sumo a esta indignación. ¿Pero qué narices hace un partido político usurpando las funciones de la fiscalía? ¿qué sentido tiene querellarse contra empresas? ¿no son conscientes del daño que están haciendo a todo el tejido empresarial? De verdad, que no lo entiendo. Ni yo, ni un buen puñado de dirigentes socialistas que no comparten la iniciativa de Jorge Alarte y sus más cercanos allegados.

Pero si tienen ustedes dudas de que la postura del PSOE en este país es la de la demonización del empresariado, es decir, de aquellos que tienen que crear empleo, no se pierdan el informe que ha presentado esta semana la Asociación Madrileña de la Empresa Familiar. Después de analizar los libros de texto que estudian nuestros chavales en la asignatura “Educación para la ciudadanía”, extraen una buena cantidad de textos en los que se remarca insistentemente la maldad endémica de los empresarios en el presente y a lo largo de la historia, mientras se insiste en el papel paternal del estado. Me ahorraré los ejemplos y les remito al documento que pueden encontrar en internet. Juzguen ustedes mismos.

Aclaremos las cosas. La gran mayoría de los emprendedores de este país son gente muy seria que, con el legítimo afán de conseguir beneficios, crea puestos de trabajo y riqueza. Y hay que apoyarlos. Esa es la función de los políticos. Y si hay empresarios que no cumplen con la legalidad, para eso están los jueces y fiscales. Pero convertirse en arte y parte de la impartición de justicia, no es el papel de un partido político o de un Gobierno. Por ahí, vamos muy mal.

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