Está a punto de ver la luz el nuevo libro del colectivo 12 plumas negras. Con el título Más Crimenes de Castellón se presenta el próximo jueves esta nueva recopilación de relatos negros y policiacos ambientados en nuestra provincia, que es fruto de la aventura en que nos hemos embarcado un grupo de profesionales de la comunicación de Castellón, entre los que me cuento, con la colaboración este año de Ripollés, nuestro artista más internacional.Uno se queda un poco frustrado tras comprobar que, las retorcidas mentes que formamos este grupo de periodistas metidos a escritores, no hemos sido capaces de superar con nuestras tramas ficticias, lo que no está ofreciendo la realidad en materia de asesinatos, sicarios, secuestros y narcotraficanetes de toda índole. Basta con abrir las páginas de cualquier periódico o escuchar la radio para encontrarse historias escabrosas que podrían ser perfectamente el guión de un relato o una novela del género negro. La realidad supera a la ficción.
Y a las pruebas me remito. Podría hablarle, por ejemplo, del presunto asesinato del alcalde de Polop, gestado en un puticlub por quien luego le sucedería y haría ante las cámaras una interpretación magistral mostrando su dolor por la muerte del desdichado. O del secuestro del pesquero español Alakrana por piratas somalíes. Sin embargo, y por razones de proximidad, me quedaré con la historia de los hombres del pesquero Bergantín, con base en el Grao de Castellón, que como nuestros oyentes saben, han sido los protagonistas de la última gran operación contra el narcotráfico en nuestro país.
Estos días, he tenido ocasión de charlar con las gentes del distrito marítimo que andan conmocionados con la noticia. Todos se hacen la misma pregunta. ¿Por qué? ¿Qué lleva a un grupo de graueros de toda la vida, conocidos por todos, trabajadores a embarcarse en una operación de narcotráfico digna, insisto, de un guión novelesco?
La respuesta, es tan sencilla como desalentadora: La búsqueda de dinero fácil. El dinero corrompe y además, como sentenció Schopenhauer, es como el agua de mar. Cuánta más se bebe más sed da. No se comprende como gente normal, trabajadora, puede jugarse todo lo que tiene, su futuro y el de sus familias, por hacerse con unos cuantos miles de euros.
¿Vale la pena arriesgar la libertad de uno por comprar un coche nuevo? Quizás valga la pena para un subsahariano arriesgar la vida cruzando el Estrecho si se trata de escapar de la hambruna y la más absoluta miseria. Pero para pagar caprichos, definitivamente no. Da que pensar.

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