El sector agrario no aguanta más. Al problema de los bajos precios en origen y la competencia del producto agrícola importado, se suma ahora ahora la crisis económica, que ha agravado aún más la situación.
El próximo sábado, como ustedes saben, se ha convocado en Madrid una multitudinaria manifestación, a la que se sumarán agricultores de toda la provincia.
Los trabajadores del campo piden soluciones políticas a su situación. Esperan que las autoridades españolas y muy especialmente la Unión Europea establezca una política de precios justos, una mejora de la fiscalidad, y una política agraria común europea que impida que unos países puedan producir de manera más ventajosa que otros y por tanto más competitiva.
Difícil lo tienen.
El sector agrario se ahoga, y si no damos un giro al sector, estamos abocados a ser un país importador, dada la falta de rentabilidad de los cultuvos autóctonos. Habría que plantearse un cambio de modelo productivo también en el campo: la reconversión y automatización de las producciones, o la orientación hacia la agricultura ecológica, tan rentable en otros países europeos, podrían ser las vías.
Mientras tanto, hay que aplaudir iniciativas creativas, como la que desde este domingo se pone en marcha en la ciudad de Castellón. Con el apoyo del Ayuntamiento. La Plaza Fadrell se convertirá en un punto de venta directa de naranjas del agricultor al consumidor, con lo que los precios, siendo ventajosos para este último, no serán sin embargo insostenibles, al eliminarse los intermediarios.
Una buena iniciativa que sin duda, da un pequeño balón de oxígeno a un puñado de agricultores. Algo es algo.

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