La eficacia y credibilidad de los máximos directivos de una empresa es imprescindible para la buena marcha de la misma.Esta máxima, poco discutible, puede ser aplicada sin duda a esta empresa llamada España en la que nos tocó vivir.
Nuestro primer directivo, el presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero, desde luego, de eficacia no anda muy sobrado, a tenor de los indicadores económicos de nuestro país, y de credibilidad, mejor no hablamos. ¿Qué credibilidad puede tener un directivo que un día dice algo y al día siguiente justo lo contrario? Ninguna.
Mientras que Zapatero, contra viento y marea, se empeña en defender de cara a la opinión pública española una mejora de nuestra economía que nadie, excepto él, es capaz de ver, en otros foros, como ayer en American Bussiness Council, el foro que agrupa a las empresas norteamericanas con intereses en España, se despachó afirmando que –y cito literalmente- «ni la recuperación económica está asegurada ni menos aún su velocidad, especialmente si pensamos en la velocidad suficiente para crear empleo».
Pero vamos a ver… ¿en qué quedamos? ¿No estaba afirmando, presidente, hasta anteayer que la economía española estaba plagada de brotes verdes, habíamos tocado fondo e íbamos a crear empleo a finales de 2009? ¿Cuál es el diagnóstico real que hace usted de nuestra compleja situación económica? ¿Qué es lo que piensa usted realmente, presidente? Porque no es lo mismo gestionar un país pensando que se está mejorando, que si se piensa todo lo contrario.
Uno no sabe qué pensar. Y desde todas las instancias internacionales se sigue alertando de que no vamos por buen camino. Especialmente preocupante me parece la reciente afirmación del premio Nobel de economía Edward Prescott, quien acusó a que Zapatero hace "todo lo contrario que debería hacer" para salir de la actual coyuntura económica.
Vaya panorama, mis queridos oyentes. Y discúlpenme ustedes que me centre en las palabras, hechos y actuaciones del presidente del Gobierno. Porque para ser justos, debería rasgarme las vestiduras ante la actitud de toda la clase política española, sin excepción: Mientras en este país los políticos andan enzarzados en una guerra de acusaciones, trapos sucios y querellas, tratando de hundirse unos a otros, los españoles andamos preocupados por el empleo, la más grave y visible consecuencia de una crisis económica, de la que nos va a costar salir.

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