Me quedo con la duda si cuando ayer el castellonense Ricardo Costa en una entrevista radiofónica se refirió a si mismo como “el secretario general del PP valenciano”, cuando según el partido ya no lo es, ha sido un lapsus o responde a una estrategia meditada.
Si es un lapsus, cosa posible dado el tono cansado de su voz en esta entrevista concedida a la COPE, es imperdonable. Un animal político de su talla no puede cometer errores como este. Si responde a una estrategia, también se ha equivocado, porque la cuerda se ha tensado hasta el punto crítico de ruptura.
Sobre lo que no tengo dudas, es sobre la actitud del Partido Popular de Madrid. Estaban esperando la oportunidad para darle la puntilla a Costa, elegido como chivo expiatorio de la rama valenciana del caso Gürtel, y éste se la ha ofrecido en bandeja. El lapsus, o la estrategia o lo que sea, ha provocado una inmediata reacción de Génova que lo ha suspendido de militancia, literalmente “por su actitud”, que según interpretan desde Madrid, perjudica el partido.
El president Francisco Camps se ha apresurado a defender la honestidad de Costa, esforzándose por desligar su gestión con la decisión tomada hoy pro el partido, evitando al mismo tiempo el enfrentamiento directo con Madrid.
Otras consideraciones aparte, lo que queda claro es que el pulso entre los populares de Madrid y de Valencia, sigue manteniéndose con intensidad. Y ya se sabe, a río político revuelto, ganancia de oposición, que se lanza a la yugular del president Camps y le echa en cara su presunta falta de liderazgo dentro del propio partido.
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